viernes, 16 de abril de 2010

¿Es el consenso de Washington “liberal”?


Recogido en la obra de John Williams, este grupo de ideas parecía ser refrendado por los distintos promotores de políticas públicas en Washington. Se trata de la obra “La condicionalidad del FMI”, MIT, 1983”.  Lo que Williams recoge, por supuesto, no era un acuerdo firmado secretamente sino la percepción de lo que en Washington se opinaba ayudaría a América Latina a pagar sus deudas.
Lo “acordado” lo resume Alberto Mansueti en los siguientes términos: “1) Reducir el déficit del Estado, no las funciones ni el gasto, para contener la inflación -o sea “monetarismo”-; 2) reorientar ese gasto a la atención médica básica y a la educación elemental en primer término; 3) y reducir las tasas impositivas marginales para aumentar la actividad económica y la recaudación. Las medidas 1 a 3 eran de “ajuste fiscal”. 4) Dejar flotar las tasas de interés para oxigenar los mercados financieros; 5) sostener un tipo de cambio “competitivo” -permitir devaluaciones- para alentar las exportaciones; 6) eliminar las restricciones físicas a las importaciones y sustituirlas por aranceles, a reducir luego gradualmente hasta un 10 o 20 por ciento; 7) y liberalizar la inversión extranjera directa. Las medidas 5 a 7 eran de “apertura”. 8) Privatizar las empresas estatales; 9) eliminar barreras de ingreso a los mercados; 10) y fortalecer la propiedad privada.” http://www.liberalismo.org/bitacoras/1/4838/neoliberalismo/albe-rto/mansueti/

Estos acuerdos fueron acogidos indisciplinadamente por cada Estado. Muy pocos los pusieron en acción con seriedad. Todos signaron y se acogieron a lo dicho por el Fondo Monetario Internacional, sólo del diente al labio, para conseguir préstamos. Gabriela Calderon dice: “El CW no es ni fue nunca una agenda completa para el desarrollo. El mismo Williams lo reconoció cuando formuló esa lista de recomendaciones y lo sigue reconociendo hoy. Tampoco es un manifiesto liberal. Si lo fuese, aconsejaría un tipo de cambio determinado por el mercado, no por la banca central, y una liberalización comercial que eventualmente elimine todo arancel y las demás trabas al libre intercambio comercial.” http://www.libertaddigital.com/opinion/gabriela-calderon/el-consenso-de-washington-explicado-39698/
 
¿Cuál sería un posible programa de desarrollo liberal? Mansueti propone los siguientes puntos: 1) Reducir las funciones del Estado a las propias: seguridad, justicia e infraestructura; 2) disminuir el gasto público y orientarlo a una profunda reforma en esas tres actividades; 3) pagar entera la deuda estatal, y no pedir más préstamos; 4) unificar, simplificar y reducir todos los tributos, rebajando la recaudación para permitir la formación de capital y la creación de riqueza y reducir la pobreza; 5) privatizar la economía pero también la educación, la medicina, jubilaciones y pensiones, etc., para incrementar la calidad y cantidad de su oferta, 6) con cupones para la demanda de los más pobres, en la transición. 7) Liberar los precios de todos los bienes y factores, incluso los sueldos y salarios, intereses y tipo de cambio; 8) eliminar toda restricción al comercio exterior; 9) en todos los sectores: complementar las privatizaciones con desregulaciones, a fin de traer competencia, 10) y alentar así los ahorros y toda clase de inversión. (Ibid, Mansueti).

Sugerimos que es muy diferente el "consenso" que siguen nuestros países en torno a lo social, lo político y lo económico. Un consenso que podrían resumirse en lo siguiente: 1. Identificar como causas de la pobreza, al capital como ente maligno, al empresario como actor malvado y al auge del comercio como conspirador político. 2. Proteger con dadivas a la población, hasta someter su espíritu y aniquilar su emprendimiento. 3. Convertir el despilfarro de los programas de beneficencia en problema moral y no económico-legal, como si el Estado fuese persona real y no jurídica, obviando la responsabilidad administrativa del despilfarro y de la escasez de los recursos.  

4. Expropiar el fruto del trabajo de todos, exigiendo cada vez mayores sacrificios, sin importar ser cada vez más opresivo, porque el bienestar común autoriza oprimir al individuo. 5. Anteponer las buenas intenciones, aún cuando produzcan malos resultados, a las buenas leyes, aun cuando en otros lados éstas hayan producido bienestar. 6. Propalar que la economía es un juego de suma cero, en donde lo que unos tienen es lo otros no tienen. Por eso, la tierra y sus recursos son la única fuente de riqueza, de tal manera que quien no posee esos dones naturales, se crea condenado a ser pobre. 7. Obstaculizar la creación de riqueza, consintiendo en el irrespeto a la vida, a la propiedad, a los contratos y a la familia, con legislación casuística que otorga privilegios. 

8. Proponer jornadas de reflexión, buscando tercerismos económicos y vías intermedias en teoría política, concluyendo que el gobierno de un hombre bueno y la legislación "repartidora" de la riqueza son la solución a la pobreza. 9. Imitar la beneficencia de otras sociedades, sin conocer su historia económica, ni sus limitaciones, abusos o sesgos políticos. 10. Hablar sin asumir compromisos reales, esperando que la historia se ponga del lado de los pobres y nos haga justicia, en lugar de emprender nuestras propias acciones y asumir responsabilidad por ellas.  

Ese es el Consenso Latinoamericano que nos sume cada día más en la pobreza. Lo que tiene de "Liberal" el tan afamado "Consenso de Washington" sólo es el anhelo de los prestamistas que desean su dinero de vuelta, aplicación que la quejumbrosa izquierda criolla se desvive en magnificar. Pero los Estados latinoamericanos que no respetan ni su propia ley, menos caso le harán a "acuerdos de buena voluntad" en el que los que ponen la plata también ponen la cara. Por via de contraste, dice Calderon: “Los países que más se aproximaron a aplicar por más tiempo las medidas recomendadas en el CW lograron los mejores resultados en los años 90 y en lo que va del nuevo siglo: Chile, El Salvador y, más recientemente, el Perú. Como dice el economista Juan Andrés Fontaine, América Latina necesita un Consenso de Santiago de Chile, no un Consenso de Washington.” (Ibid, Calderón).

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