sábado, 21 de noviembre de 2009

¿Hay sólo una élite en el país?

Lo hemos escuchado una y otra vez. “La élite de Guatemala está en contra de los pobres y ahora se han preparado una reforma constitucional como ejemplo máximo de su perversidad”. Eso es lo que dice un bien organizado ejército de ideólogos a quienes se les dio la comisión de escribir en los diarios, respuestas de lectores, en contra de ProReforma, simulando que se trata de “opinión pública”.

Esto de "la élite" debe verse con más detenimiento. El concepto élite no es monolítico como interpretan maliciosamente quienes entienden el mundo en blanco y negro. Hay elites educativas que enseñan en universidades; las élites políticas han estado instaladas por 30 años haciendo gobierno. Las élites pensantes hacen poesía y plástica, escriben libros y se reúnen a discutir sus obras literarias y artísticas. Comparten, el no tener entre ellas, igualdad de rentas, curiosa preocupacion que les surge sólo frente a los empresarios y no cuando se ven asì mismos frente a los pobres.

Al grueso de los educadores universitarios, no a todos, les debemos la proliferación de las ideas de Fidel Castro y Hugo Chávez en Guatemala, ahora instaladas en varias oficinas de gobierno. Gracias élites educativas. A la mayoría de los políticos les debemos la pobreza, desgobierno, violencia y corrupción que campean en el país. Gracias élites políticas. A muchos de los pensadores les agradecemos el mercadeo de las ideas de izquierda. Todos ellos están convencidos de haber hecho de Guatemala el mejor país del mundo, al lado de Haití y Ruanda.

Las élites económicas, como las otras, son polifacéticas. Están los millonarios producto del paso por el gobierno. Acostumbrados a no competir, compran legislación o sobornan funcionarios. Es colusión de gobierno y economía: el mercantilismo. Una élite en verdad, porque son pocos, unos muy recientes y otros fuertes, que desde ayer, urden desde la sombra.

La mayoría de la élite empresarial cumple las reglas, no compra leyes, paga sus impuestos y crean empleo con los riesgos económicos y sociales que eso tiene en Guatemala. Si han de hacer un negocio y deben pagar soborno, prefieren no hacerlo. Los indígenas son parte de la élite empresarial, el único papel que la polìtica mercantilista les ha dejado. Son exportadores de verduras, dueños de tiendas de barrios, de todos los “pinchazos”, de muchos taxis, de buses extraurbanos, verdaderos genios del cálculo económico. Gracias empresarios.

Otro grupo de empresarios muy pequeño, élite al fin, dispuso oponerse hace 50 años al sistema de privilegios políticos y económicos del país. Una lucha anónima y desinteresada contra la corruptela de los privilegios, porque con estos, los derechos de todos se relativizan y todos terminamos perdiéndolos. Ese irrespeto nos hace más pobres y violentos. De esa élite surgió el movimiento de ProReforma, al cual ataca la otra élite, “entrenada” y “conducida” por las ideas que nos mantienen pobres. Fieros opositores a ProReforma, que en lugar de proponer destruyen.

Los griegos, de quienes los destructores creen tomar sus ideas, definieron elites con atención a la equidad de méritos y no a la igualdad de rentas. Definieron “mérito” así: el que tiene estatus de libre, equivale a darle una guitarra a quien tiene ambas manos; el que ha nacido de cuna noble, equivale a darle un violín a quien tiene talento musical; el que busca la excelencia, equivale a dar un instrumento a quien invertirá en practicar. El mérito se le reconoce a quien lo tiene, como hemos hecho aquí. A las élites hemos de reconocerlas por lo que han aportado, por ejemplo: empleo, salarios, bienes y servicios, capital, impuestos, rentas e interés. Mezcla feliz entre el interés propio y el beneficio a los más pobres del país. Gracias élite económica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario