martes, 5 de abril de 2011

Adiós, Joseph Keckeissen

Anoche, domingo 3 de abril, falleció el Dr. Joseph Keckeissen, profesor de economía de la Universidad Francisco Marroquín y un gran amigo del CEES. "Joe" sufrió una apoplejía hace unos meses lo cual aceleró este triste desenlace. Hermano de la orden salesiana, economista, discípulo de Mises en Nueva York, enseñó en la Universidad casi desde su fundación. Una docena de cursos sobre economía en ESEADE, hoy “Escuela de Negocios”, me despertaron una especial admiración por el profesor Joseph Keckeissen.

Sus ilustraciones eran memorables, sus citas del profesor Mises siempre venían de sus clases con él. El trato noble y generoso a los opositores era ejemplar. Vimos desfilar a varios banqueros, de todas las persuasiones económicas, en el curso “Dinero e Interés”, a quienes trató con cordialidad, especialmente, cuando se trataba de funcionarios de la banca central.
"Joe", claro, puede ser recordado por los conceptos como tasa de capitalización, el tiempo como factor económico, la economía de giro uniforme, la renta económica o cosas por el estilo. Pero la verdad es que esas cosas son relativas cuando se comparan con su bondad como ser humano, visto a la luz de aquellas cosas muy personales que debió sacrificar o sobrellevar para dedicarse a los estudiantes y a la docencia.
De espíritu humilde, de convicciones fuertes y temperamento manso, "Joe" exponía las virtudes de un santo juntamente con las académicas, profundidad, claridad y sencillez. El acento extranjero era pronto olvidado, cuando chispeantes observaciones de preocupaciones estudiantiles se convertían en los ejemplos de los temas económicos.
Su sentido del humor era patente en cada clase. Cuando ponía un problema que dejaba abrumados a los estudiantes rompía el silencio de la clase diciendo: “hasta un caballo muerto podría ver la respuesta”. O se acercaba a la fila de enfrente y preguntaba a alguna señorita, “¿Podría usted construir un imperio con un ratón muerto? tras el silencio decía…Disney lo hizo.” O preguntaba, "¿Qué incentivo por encima de su costo de oportunidad es el que saca a Michael Jackson de sus pijamas para que vaya a cantar?"
"Joe" era un hombre de grandes virtudes. El conocimiento no era todo, también lo era el sacrificio. Sacrificaba el cómodo ambiente de la universidad o de la capital para viajar tres días de la semana a enseñar a Quetzaltenango y tres días volvía a la capital para enseñar en la universidad. Viajes largos de cinco horas, dos veces por semana, hasta el último año, antes de la hemiplejia, representaban grandes demandas auto impuestas sobre su frágil salud y humanidad, especialmente, tratándose de una persona mayor de 80 años. Ese era el espíritu noble y servicial de "Joe", el espíritu de un gigante.
No tengo ninguna duda que las virtudes, talentos y abnegación, en el caso de "Joe", se explican solo apartir de su fe en Dios. Una cruz en su pecho recordaba a sus estudiantes la profunda vocación religiosa de este gran hombre. Por eso, los valores, la fe, la bondad, la ética y el altruismo no eran ajenos a la economía que "Joe" enseñaba, sino eran temas perfectamente compatibles con los costos de oportunidad y valores subjetivos de la praxeología. Lo dije algunas veces en persona y ahora lo digo en público: Gracias "Joe" por habernos dado tantos ejemplos sobre cómo vivir para los demás.  
Tomado de la página del CEES. http://www.cees.org.gt/index.php/Portada

domingo, 27 de marzo de 2011

El dinero: Usted vs el Estado

Cuando usted mete su mano en el bolsillo o saca de su billetera dinero, no piensa en las implicaciones de lo que mencionaremos aquí. Seguro que lo que ha sabido sobre el dinero es tan antiguo como su vida misma y por eso no piensa en él de manera diferente. Primero, es interesante pensar que el dinero no siempre ha tenido la forma que hoy tiene. Anterior a esta forma el dinero era toda aquella mercancía de la que me podía deshacer para intercambiarla por otra. Exacto, eso se llama trueque y eso fue el dinero antes de lo que conocemos hoy. Pieles, cacao, metales o animales fueron moneda a la vez que eran bienes de consumo.

Pero ¿cuál era el propósito del dinero originalmente? Debido a los problemas que el trueque generaba, la gente descubrió la moneda como medio de intercambio. El dinero tenía como propósito poder separar el acto de comprar del acto de vender. A eso le llamamos facilitar el intercambio. Otro propósito era tener un depósito de valor desde el cual poder descargar tu riqueza para poder comprar y poder vender en cualquier momento sin sufrir pérdida de valor, con transacciones a lo largo del tiempo. Así se guardaba el valor de un día para otro, para poder hacer uso del dinero. Finalmente, el otro propósito era hacer posible el cálculo económico. En otras palabras, servir como unidad de cuenta para saber cómo invertir, cuanto gastar y a qué precio vender para tener ganancias.

Segundo, a finales del siglo XIX la institución del dinero sufrió un cambio. La discusión en el siglo XVIII y XIX había sido como se respaldarían la emisión de moneda, por un lado, y los ahorros, por el otro, con el 100% de reservas; no se discutía si eso era bueno o deseable, sino cómo lograrlo. Pero al final del siglo XIX, cuando esa misma discusión se planteó de nuevo, en lugar de evidenciar los daños que las reservas fraccionarias causarían al patrimonio, se descartó la discusión de modo triunfalista. No pasó mucho tiempo para que el sector público asumiera como cosa propia el control de la emisión de moneda y se olvidara de la discusión de la expansión del crédito por medio de los depósitos a la vista.

Tercero, el sector público con la concentración de poder, de la emisión monetaria y de la voluntad política para hacer uso de ella a su antojo, empezó a experimentar con la moneda expandiendo el dinero en poder del público. Esto interfirió en los precios, afectando a todos los bienes relativamente, es decir, suben los productos pero no los salarios (ambos son precios), pero no suben igual. Tras esa distorsión de precios el dinero perdió su papel como herramienta útil para que el consumidor soberano se pronuncie sobre qué productos satisfacen o no al consumidor.

Cuarto, el gran cambio que sufrió la filosofía del dinero en manos del sector público fue la de utilizarlo para dar créditos sin que antes hubiese ahorros; también para financiar las deudas de manera mas barata, digamos a inversionistas ineficientes; pero, de manera especial para financiar el gasto “beneficioso” del Estado. 

 Así, se re definió el dinero facilitando el pago de las deudas de los insolventes, facilitando la descarga de la producción ineficiente, e imponiendo la idea de que el Estado puede usar el dinero en "función política," independientemente del mercado, dado que es él quien lo emite. El resultado de eso ha sido que el consumidor ha perdido la capacidad de premiar a los productores eficientes (inflación); de igual manera, el Estado sufre de gigantismo con su uso político de la moneda (elevado gasto público) y, finalmente, se ha hecho difícil el cálculo económico (burbujas económicas).

Nuestra idea es devolverle el dinero a la población. El dinero no tiene nacionalidad, ni expresa soberanía, como tampoco lo expresa la carne o las verduras que se consumen en una región o país. Si las pieles, el cacao, los metales y animales, la moneda de ayer, fueron propiedad privada, no veo porque la emisión de la moneda hoy no pueda serlo. Detrás de la  lucha contra la inflación lo que se haya es un argumento a favor de la protección de los derechos de propiedad de todos los ciudadanos. Sacar al gobierno de la emisión de moneda no quiere decir facilitar el pillaje; quiere decir, basar la emsisón en confianza, confianza y mas confianza en vez del curso forzoso. 

viernes, 11 de marzo de 2011

La evolución social requiere modestia

La máxima socrática "solo se que nada se", es el argumento toral del poder creador de una sociedad libre.  Concedemos que es un argumento abstracto y por ende más difícil de entender. Esta idea refleja la escuela de filosofía escocesa del siglo XVIII. Fueron ellos quienes vieron la realidad humana desde el cambio o la evolución social. La sociedad evolucionó sin que se haya dado un plan o diseño de nadie. A la inversa, es lo que ellos llaman un plan o diseño natural. Esto sucedió un siglo y medio antes de Darwin. Así que el primer punto a notar aquí es que ellos reconocieron que hay una evolución social.

En un período posterior a Darwin surgió  Herbert Spencer, a finales del siglo XIX, cuando ya la evolución biológica era bien conocida. Entonces  Spencer aplicó el método de evolución biológica a la sociedad. Ese intento se conoce como darwinismo social y ese modelo no es el de los escoceses. La diferencia es que la evolución de los escoceses es social y no biológica. La característica principal de la evolución biológica es la supervivencia del más apto, de ahí que en el darwinismo social, los pobres, los ancianos y los enfermos, los menos inteligentes son una carga. Eso va contra muchas cosas y por ello esa postura es muy criticada. Hoy sobreviven atendidos por instituciones que los protegen. Los padres cuidan de los hijos y luego los hijos cuidan de los padres. El darwinismo social, que repito, no es escocés, diría que hay que eliminarlos o que no hay que protegerlos. 

Evolución social
Evolución Biológica
Darwinismo aplicado a lo social

¿Qué entendían los escoceses por evolución social? No era la evolución biológica tampoco. Es el hecho de que las grandes instituciones que el hombre conoce, el lenguaje, el derecho, la moneda, las normas, el intercambio, las ciudades europeas, surgieron espontáneamente, obedeciendo al paso del tiempo, siguiendo el ritmo de miles de decisiones que no están registradas en ningún lado pero que no por eso pueden negarse. Cuya característica principal consiste en no haber seguir el plan o diseño arbitrario de alguien en particular, sino ser fruto de las decisiones de todos en general.

Veamos algunos ejemplos. El  lenguaje por ejemplo es espontáneo. Juan de Nebrija escribió la primera gramática española en el año 1492. Ahí se recoge lo que había evolucionado socialmente. En Guatemala están los jueces de agua que deciden, según la costumbre, como debe repartirse el agua del rio Motagua entre agricultores. Otro ejemplo, los tabúes sociales, como el incesto o el canibalismo, son desarrollos espontáneos sin que nadie los planee; el folklore, es estatus social de hombres y mujeres, los valores de las sociedades nomádicas, o cazadores y recolectores, es asunto de la evolución. 

Adam Smith, profesor en Glasgow, escribió su Inquiery into the Wealth of Nations en 1976. Según Adam Smith los precios libre también son producto de la evolución y no del diseño. Son los precios que reflejan los procesos más eficientes para asignar racionalmente los recursos. Los escoceses dijeron que hay una gran cantidad de cosas que nos son sumamente útiles y que nadie planeo o diseñó. Detrás de esas fuerzas espontáneas suponen que cada individuo que tropieza con ellas por casualidad usa su mente y razona. Esas experiencias del que habla, del que ofrece productos, del que prohíbe relaciones incestuosas, ese es un conocimiento disperso, que jamás se podría programar.

Supongo que la razón por la que Hayek, un austro alemán, se adentró en el mundo escoses, es porque al adentrarse en la economía vía la jurisprudencia, se quedó maravillado con el sistema de precios. Es un millón de experiencias humanas, irremisiblemente dispersas en el tiempo, resumidas en un precio: el valor digamos de un libro. El sistema de precios es un sistema de información. ¿Qué hay detrás de ese precio? La suma de miles de decisiones, del que organiza el corte de árboles; del que da en  préstamo el capital; del jornalero cortador de madera; del valor de la pulpa en el mercado; de las máquinas usadas para cortar madera; del procesamiento químico y técnico del papel; del transporte de los elementos; de las ganancias de cada proceso; incluso, las ganancias de quien escribió el texto reproducido en la obra. Resultado: el precio de un libro. Aun la suma de todos los costos de los diversos factores de producción está ya presentes en ese precio. 

Las instituciones más importantes para el ser humano: la propiedad, el derecho, el dinero, los precios, el lenguaje, no podrán jamás responder a un diseño. Este es el gran descubrimiento, y en cierto sentido la raíz de todo el proyecto liberal. ¿Por qué? Porque frente a esa posición esta otra. La que dice que todas las instituciones son producto de la razón y el diseño del hombre. Por el contrario, el liberalismo dice no es el hombre el que hace su cultura sino que esta le hace a él dadas las creaciones culturales de otros. 

viernes, 4 de marzo de 2011

La libertad del individuo: el aspecto social

Entendemos por libertad, la ausencia de coacción arbitraria de otro sobre mis bienes, mi libertad o mi vida. Cuando hablamos de la libertad estamos hablando de la libertad del individuo. No de la autodeterminación de los pueblos. Libertad es también fijarse metas y escoger los medios para llegar a alcanzar esas metas. Si parcial o totalmente se me impide escoger las metas y los medos para alcanzarlos, en ese sentido dejo de ser libre. Como Alemania hoy con el Numerus Klausus, donde no puedo estudiar medicina o ingeniería si no estoy entre los primeros 100 estudiantes que aprueban el examen. En Guatemala no soy libre en un ¼ de mis ingresos, debo pagar impuesto sobre la renta, el impuesto que penaliza el éxito.

El engaño también usa arbitrariamente de mis ingresos, o de mi voto o de mi tiempo. La mentira en los contratos que no se cumplen dispone de los recursos ajenos de manera distinta a si yo los hubiera usado para mis fines. Entonces la liberta se pierde en la medida en que estoy sujeto a la voluntad arbitraria de otro o a la mentira. 

La libertad solo se plantea en sociedad. El hombre siendo un ser social siempre tiene problemas de libertad. Los personajes míticos Tarzán o Robinson Crusoe no los tendría. Pero el hombre normal, sea en la familia, en el club o en la sociedad, siempre puede perder su libertad. Por eso decía B. Franklin que el precio de la libertad es una eterna vigilancia. 

Al hablar de libertad, lo hacemos en el mundo de nuestras relaciones. Ese es el fuero externo en el que se aplica la definición ofrecida. Por fuero externo nos referimos a lo que Hayek llama el ámbito de las relaciones. Presenta el caso del escalador de montañas que un risco difícil de escalar sigue siendo libre aunque no tenga muchas opciones. Y si ese mismo personaje cae en un hoyo del que no puede salir, no podemos decir que es cautivo, aunque lo esta solo en sentido figurado, porque no esta en esas circunstancias por razones sociales.

Para entender la libertad en sentido negativo, "la ausencia de coacción", Hayek plantea el problema que él llama el problema originario de la libertad. ¿Cual era?  La esclavitud. Hablar de la esclavitud es en gran magnitud hablar de la imposición de la voluntad arbitraria de otro sobre mis acciones. Sobre la esclavitud podemos decir que fue practicada en todas las culturas. Era lucrativa y aceptada por las mentes más brillantes de la Grecia clásica: Platón y Aristóteles. Pero fue abolida por la tradición cristiana que se oponía a considerar a otros hombres como sujetos a servidumbre. En Guatemala se abolió en 1823, es decir antes que en Estados Unidos. Otra causa para su abolición fue la marea liberal. 

Uno de esos pensamientos es el de Emanuel Kant: Ninguna persona puede ser considerada como medio para las metas o fines de otro contra su voluntad. Pero, por otro lado, si permite utilizar a los hombres como medio, mutuamente, en la contextura de la división del trabajo. No puede hacerse contra la voluntad de la persona. Eso tiene un nombre concreto, el del contrato. El contrato  es una confirmación de que los hombres pertenecen al reino de los fines de Kant. Aún ahí, el hombre sigue buscando sus fines libremente. Así, el hombre es un fin en si mismo siempre. No puede ser mero medio y no pude ser reducido a ser propiedad de otro. Este es el argumento histórico toral contra la esclavitud.

jueves, 24 de febrero de 2011

Dos tradiciones de libertad

De lo dicho anteriormente colegimos que, fundamentalmente, hay dos tradiciones de la libertad. La que vino históricamente primero es la libertad concebida como ausencia de coacción arbitraria de un tercero. Es la que se incubo en la roma republicana, siglos antes de Justiniano, y de la misma raíz se concreto en Britania. Es la libertad que insistía en fijar límites al poder arbitrario del monarca durante el derecho consuetudinario del Medievo, recogido por el Common Law inglés.

Esta tradición fructificó en el siglo XVIII en Escocia, la tierra de Juan Knox, el discípulo de Calvino y fundador de la Iglesia presbiteriana. Es la tierra en donde surgió David Hume, quién, pese a su agnosticismo, solía escuchar a George Whitefield, el predicador del primer avivamiento. Intelectuales del alumbramiento escocés, cuyas doctrinas económicas y sociales no tienen rival en claridad, de cuyo legado tomó la Escuela Austriaca (1870).  Se trata de Adam Smith, Adam Ferguson, Francis Hutcheson, ministros presbiterianos unos, hijos de ministros presbiterianos otros.  

Su idea central era la libertad, obviamente, no anticlerical como lo fue la de Francia, copiada en Latinoamérica.  Sino la libertad atada a la responsabilidad, como se entiende en términos teológicos. Aquella en la que “el hombre escoge”, pero toda elección tiene un costo el cual se paga hoy o se pagará después.   Dios quiere que el hombre le honre, pero quiere que al hacerlo lo haga desde la raíz misma de su libertad. Por eso Génesis 3, inicio de la historia humana de luces y sombras, con rendición de cuentas y responsabilidad.

Estas ideas escocesas florecieron en la Britania, ex colonia romana, tierra de la “Carta Magna” de 1215, con la que los hombres ponen límite al poder discrecional del monarca. Es el contexto de la “Revolución gloriosa” de 1688, con la que el parlamento toma poderes plenos y se termina, de manera menos violenta que en Francia, con el gobierno de la monarquía. Se formalizó la unión entre Escocia e Inglaterra al sur en 1707. Entre 1760-1830, Inglaterra vio la revolución industrial que creo empleo en grandes cantidades y cerró la brecha relativa entre ricos y pobres. Dispuso bienes y servicios en masa para las masas. Repartió el ingreso y facilitó el nacimiento de la clase media.

La otra tradición floreció en Francia, con el imperio de la razón y de la cual los iberoamericanos somos mas fervientes seguidores. A la vez que se impulsaba esa revolución silenciosa, en Inglaterra, marcada por el derecho y el respeto al ser humano, los estridentes franceses impulsan su revolución de la razón. Sientan a una prostituta en la Iglesia de Notredame y dicen al pueblo esta es tu diosa, la razón.

La razón se convierte en una nueva capacidad, de perfeccionar la sociedad por medios jurídicos, políticos y económicos. Coincide con esto, la formación de las disciplinas modernas. Se estima que los poderes organizadores de la razón pueden darnos no sólo mejores disciplinas científicas sino mejores sociedades. ¿y del ejemplo tan claro de Inglaterra que quedó? Su ejemplo nos ilustra que las grandes instituciones como la propiedad, la moneda, el derecho, el idioma y la fe no son producto de la razón o diseño de ningún hombre.

A partir del ideario francés, copiado en iberoamerica, surgió un derecho que se concreta en la ley como dato positivo, a la Kelsen, “teoría pura”, sin tradición ni moral; una economía que se concreta en los modelos matemáticos de Marshall, Walras y Samuelson, que se solazan en la ficción de que los números representan elecciones reales del ser humano. Surge el marxismo, cuyo ideal es la igualdad impuesta, que al final produce tiranía. El racionalismo constructivista no es auténticamente libertad y es el principal opositor a la ética cristiana. Es así como la razón ambiciosa socava la libertad y la fe.  La libertad teológica y la francesa están en pleito y muchos hombres y mujeres del Derecho no lo sabemos.

jueves, 17 de febrero de 2011

¿Son liberadores todos los liberales? (2)

      Dentro del mundo ingles, había un rincón, entonces subdesarrollado, en donde la gente era aun más libre que los mismos ingleses de Inglaterra. Se trata de los ingleses americanos, de Massachussets, de Rhode Island, de Virginia, y para defender esa libertad inglesa, lucharon contra los ingleses de Inglaterra y a eso le llamamos la guerra de Independencia de Estados Unidos. 

Así el mundo anglosajón se adelantó al resto del mundo con la idea de la libertad. Son los mas liberales y, tras la Independencia de EEUU en 1776, treces años después, vendrá la Revolución Francesa, 1789, hablando de “liberte”, “fraternite” y “egalite”, todo esto, unos cien años después de la revolución gloriosa inglesa, de 1688. 

Pero el españolísimo vocablo liberalismo, llegó a España y a Iberoamérica vía la revolución Francesa. No nos llegó la idea de la libertad inglesa sino francesa y sucedió de la manera siguiente. En España un vigoroso movimiento liberal se convirtió, en la primera parte del siglo pasado, en una guerra civil (1936-1939) entre republicanos y nacionalistas. En general, los republicanos equivalen a la línea liberal afrancesada, que es mas socialista y los rebeldes o nacionalistas a la línea conservadora, pero eso es una grosera simplificación nada más para ubicar la discusión. A eso se le llama una guerra entre liberales (socialistas) y conservadores (militares rebeldes que defienden a la corona). De los fragores de esa lucha surge este vocablo que, en España,  se convirtió de Whig en “liberal”. En ingles se dice liberal; en alemán liberalismus; en italiano liberal. Se trata de una palabra castellana que desde la guerra civil española ha penetrado el mundo entero, con un contenido diferente.

De modo que el movimiento liberal triunfó primero en Inglaterra; después en Norteamérica; después la versión francesa, muy diferente, es, sin embargo, la que se exporta al mundo entero en el siglo XX. En cuanto a la esencia de la libertad, era muy diversa en todos esos casos mencionados: Inglaterra, 1688, Estados Unidos, 1776, Francia 1789, Iberoamérica 1810-1821, España 1939.  Por ejemplo, entre los liberales de la Inglaterra decimonónica y los de Norteamérica, hay una gran diferencia. 

Esa versión francesa esta como fantasma que va señalando el camino de retroceso del liberalismo, primero detrás de la primera guerra mundial; esta también detrás de la segunda guerra mundial; y también esta detrás de las revoluciones marxistas. No es la idea original de los ingleses, es otra cosa, pero es lo que se conoce y lo que se convierte en aspiración internacional. Se trata de la entrega de la soberanía en manos del "cuerpo político" de Rousseau; de crear la sociedad perfecta por medios jurídicos; de la legislación colectivista que conduce a las tiranías, bajo la justificación de un Estado nacional libre, con ciudadanos cada vez menos libres.

Podríamos decir que ese retroceso se vino dando desde de 1914 hasta 1979 que Margaret Thatcher y Ronald Regan coinciden en el poder. En las primeras tres cuartas partes del siglo 20, la libertad retrocedió y el liberalismo casi murió. No solo estaba triunfando el marxismo cada vez en mas países, sino que la ideología socialista era “the wave of the future”, en la academia, en  las guerras de insurrección y en los medios de comunicación social, en donde el liberalismo estaba, totalmente, olvidado. 

En efecto, liberales se llamaron también los legisladores colectivistas del siglo XX, pero su liberalismo no era liberador, ni lo es hoy dos siglos después. De esa madriguera, sin embargo, nacieron las constituciones iberoamericanas. Ese equivoco explica por qué los "liberales" colectivistas no son liberadores.

jueves, 10 de febrero de 2011

¿Son liberadores todos los liberales? (1)

Hay dos historias de la libertad que F. von Hayek menciona en su libro “Los fundamentos de la libertad”, y que aquí recogemos, a manera de trasfondo histórico. Se trata de la historia francesa y de la historia inglesa de la libertad. Hablando a groso modo, la inglesa se basa en la tradición; la francesa en la razón que construye instituciones para producir la sociedad perfecta. Pues de esa combinación histórica nace el conocido concepto “liberalismo”, si bien con muy dispares significados; por ejemplo, la diferencia entre America Latina e Inglaterra.

Hayek señala que el hombre sólo puede crear en la medida que es libre. Todo lo que nosotros encontramos de valioso en la cultura, en la civilización y en la vida en general, como el nivel de vida, el confort, con todos los valores del espíritu que vemos en las artes, las letras y la música, es el producto del hombre libre. Solo en la medida que el hombre es libre puede crear. Por otro lado en occidente se ha discutido mucho qué es lo más importante para el hombre, si la razón o la libertad. Al final es una dicotomía tal vez falsa porque las dos cosas no tienen por qué excluirse. El punto es, en todo caso, que para ser libre se debe ser racional.

En la edad media, hubo grandes figuras que discutieron este punto, concluyendo que sin libertad no existe el ser humano. La libertad es la esencia del hombre y sin ella el hombre deja de ser hombre. Esto tiene muchas implicaciones por ejemplo a partir del pensamiento de Emanuel Kant. El insistió que, si bien las dos cosas son importantes para el hombre, el bien humano por excelencia es la libertad. Al punto que de todos los seres el único que sabemos que es libre es el hombre. ¿Por qué? Porque el hombre y la mujer es el único que puede renunciar a sus apetitos. Todos los demás seres son esclavos de sus apetitos. ¿Por qué éste énfasis en la libertad? Porque los grandes movimientos intelectuales, sociales y políticos desde la revolución científica de Copérnico, Kepler Galileo y Newton, hasta la Reforma de Lutero, se fundamentan en la libertad.

Sólo el origen del vocablo liberal ya es interesante, porque es un aporte castellano a las ciencias políticas. En ingles se dice liberal; en alemán liberalismus; en italiano liberal. Se trata de una palabra castellana que ha penetrado el mundo entero. Los escoceses tenía otro concepto para definir el liberalismo, ellos le llamaban Whig, que era un apodo o mote que significaba algo así como “cuatrero” o “asaltador de caminos”. Así les llamaron a los presbiterianos que marcharon sobre Edimburgo en 1648, para hacerse del poder político en Escocia. Esto forma parte de la historia de la Reforma protestante en Escocia, que gobernó ese país con el Kirk party o partido de la Iglesia. Pues el liberalismo o partido whig tiene de fondo a la Iglesia protestante en Escocia.

Whig, con el, tiempo pasó a ser un nombre de honra que representaba a los disididentes y a los comerciantes, a aquellos que rechazaban el anglicanismo y la monarquía absoluta. En Inglaterra, en donde se peleaba una guerra entre ser anglicano, católico o protestante, los Whigs se apoyaron en el bill of rights y promovieron la “Revolución gloriosa de 1688”. Pero el nombre whig es intraducible en otros idiomas porque se trata de un regionalismo inglés.

En el siglo XIX, cuando el valor social más importante era la libertad, los ingleses habían fijado ya la idea de que no se trataba de la libertad nacional sino de la libertad del individuo. De modo que ese liberalismo que se inicia en el siglo XVII en Inglaterra, en su Revolución gloriosa, constituye el triunfo de los hombres más libres durante un siglo. Tan libres son que los franceses los envidian y cuando las condiciones de la Revolución Francesa se dan al final del siglo XVIII, Voltaire y Montesquieu miraban al experimento inglés. No es descabellado afirmar que la Revolución Francesa se hace en un intento de imitar las libertades inglesas.