viernes, 4 de marzo de 2011

La libertad del individuo: el aspecto social

Entendemos por libertad, la ausencia de coacción arbitraria de otro sobre mis bienes, mi libertad o mi vida. Cuando hablamos de la libertad estamos hablando de la libertad del individuo. No de la autodeterminación de los pueblos. Libertad es también fijarse metas y escoger los medios para llegar a alcanzar esas metas. Si parcial o totalmente se me impide escoger las metas y los medos para alcanzarlos, en ese sentido dejo de ser libre. Como Alemania hoy con el Numerus Klausus, donde no puedo estudiar medicina o ingeniería si no estoy entre los primeros 100 estudiantes que aprueban el examen. En Guatemala no soy libre en un ¼ de mis ingresos, debo pagar impuesto sobre la renta, el impuesto que penaliza el éxito.

El engaño también usa arbitrariamente de mis ingresos, o de mi voto o de mi tiempo. La mentira en los contratos que no se cumplen dispone de los recursos ajenos de manera distinta a si yo los hubiera usado para mis fines. Entonces la liberta se pierde en la medida en que estoy sujeto a la voluntad arbitraria de otro o a la mentira. 

La libertad solo se plantea en sociedad. El hombre siendo un ser social siempre tiene problemas de libertad. Los personajes míticos Tarzán o Robinson Crusoe no los tendría. Pero el hombre normal, sea en la familia, en el club o en la sociedad, siempre puede perder su libertad. Por eso decía B. Franklin que el precio de la libertad es una eterna vigilancia. 

Al hablar de libertad, lo hacemos en el mundo de nuestras relaciones. Ese es el fuero externo en el que se aplica la definición ofrecida. Por fuero externo nos referimos a lo que Hayek llama el ámbito de las relaciones. Presenta el caso del escalador de montañas que un risco difícil de escalar sigue siendo libre aunque no tenga muchas opciones. Y si ese mismo personaje cae en un hoyo del que no puede salir, no podemos decir que es cautivo, aunque lo esta solo en sentido figurado, porque no esta en esas circunstancias por razones sociales.

Para entender la libertad en sentido negativo, "la ausencia de coacción", Hayek plantea el problema que él llama el problema originario de la libertad. ¿Cual era?  La esclavitud. Hablar de la esclavitud es en gran magnitud hablar de la imposición de la voluntad arbitraria de otro sobre mis acciones. Sobre la esclavitud podemos decir que fue practicada en todas las culturas. Era lucrativa y aceptada por las mentes más brillantes de la Grecia clásica: Platón y Aristóteles. Pero fue abolida por la tradición cristiana que se oponía a considerar a otros hombres como sujetos a servidumbre. En Guatemala se abolió en 1823, es decir antes que en Estados Unidos. Otra causa para su abolición fue la marea liberal. 

Uno de esos pensamientos es el de Emanuel Kant: Ninguna persona puede ser considerada como medio para las metas o fines de otro contra su voluntad. Pero, por otro lado, si permite utilizar a los hombres como medio, mutuamente, en la contextura de la división del trabajo. No puede hacerse contra la voluntad de la persona. Eso tiene un nombre concreto, el del contrato. El contrato  es una confirmación de que los hombres pertenecen al reino de los fines de Kant. Aún ahí, el hombre sigue buscando sus fines libremente. Así, el hombre es un fin en si mismo siempre. No puede ser mero medio y no pude ser reducido a ser propiedad de otro. Este es el argumento histórico toral contra la esclavitud.

jueves, 24 de febrero de 2011

Dos tradiciones de libertad

De lo dicho anteriormente colegimos que, fundamentalmente, hay dos tradiciones de la libertad. La que vino históricamente primero es la libertad concebida como ausencia de coacción arbitraria de un tercero. Es la que se incubo en la roma republicana, siglos antes de Justiniano, y de la misma raíz se concreto en Britania. Es la libertad que insistía en fijar límites al poder arbitrario del monarca durante el derecho consuetudinario del Medievo, recogido por el Common Law inglés.

Esta tradición fructificó en el siglo XVIII en Escocia, la tierra de Juan Knox, el discípulo de Calvino y fundador de la Iglesia presbiteriana. Es la tierra en donde surgió David Hume, quién, pese a su agnosticismo, solía escuchar a George Whitefield, el predicador del primer avivamiento. Intelectuales del alumbramiento escocés, cuyas doctrinas económicas y sociales no tienen rival en claridad, de cuyo legado tomó la Escuela Austriaca (1870).  Se trata de Adam Smith, Adam Ferguson, Francis Hutcheson, ministros presbiterianos unos, hijos de ministros presbiterianos otros.  

Su idea central era la libertad, obviamente, no anticlerical como lo fue la de Francia, copiada en Latinoamérica.  Sino la libertad atada a la responsabilidad, como se entiende en términos teológicos. Aquella en la que “el hombre escoge”, pero toda elección tiene un costo el cual se paga hoy o se pagará después.   Dios quiere que el hombre le honre, pero quiere que al hacerlo lo haga desde la raíz misma de su libertad. Por eso Génesis 3, inicio de la historia humana de luces y sombras, con rendición de cuentas y responsabilidad.

Estas ideas escocesas florecieron en la Britania, ex colonia romana, tierra de la “Carta Magna” de 1215, con la que los hombres ponen límite al poder discrecional del monarca. Es el contexto de la “Revolución gloriosa” de 1688, con la que el parlamento toma poderes plenos y se termina, de manera menos violenta que en Francia, con el gobierno de la monarquía. Se formalizó la unión entre Escocia e Inglaterra al sur en 1707. Entre 1760-1830, Inglaterra vio la revolución industrial que creo empleo en grandes cantidades y cerró la brecha relativa entre ricos y pobres. Dispuso bienes y servicios en masa para las masas. Repartió el ingreso y facilitó el nacimiento de la clase media.

La otra tradición floreció en Francia, con el imperio de la razón y de la cual los iberoamericanos somos mas fervientes seguidores. A la vez que se impulsaba esa revolución silenciosa, en Inglaterra, marcada por el derecho y el respeto al ser humano, los estridentes franceses impulsan su revolución de la razón. Sientan a una prostituta en la Iglesia de Notredame y dicen al pueblo esta es tu diosa, la razón.

La razón se convierte en una nueva capacidad, de perfeccionar la sociedad por medios jurídicos, políticos y económicos. Coincide con esto, la formación de las disciplinas modernas. Se estima que los poderes organizadores de la razón pueden darnos no sólo mejores disciplinas científicas sino mejores sociedades. ¿y del ejemplo tan claro de Inglaterra que quedó? Su ejemplo nos ilustra que las grandes instituciones como la propiedad, la moneda, el derecho, el idioma y la fe no son producto de la razón o diseño de ningún hombre.

A partir del ideario francés, copiado en iberoamerica, surgió un derecho que se concreta en la ley como dato positivo, a la Kelsen, “teoría pura”, sin tradición ni moral; una economía que se concreta en los modelos matemáticos de Marshall, Walras y Samuelson, que se solazan en la ficción de que los números representan elecciones reales del ser humano. Surge el marxismo, cuyo ideal es la igualdad impuesta, que al final produce tiranía. El racionalismo constructivista no es auténticamente libertad y es el principal opositor a la ética cristiana. Es así como la razón ambiciosa socava la libertad y la fe.  La libertad teológica y la francesa están en pleito y muchos hombres y mujeres del Derecho no lo sabemos.

jueves, 17 de febrero de 2011

¿Son liberadores todos los liberales? (2)

      Dentro del mundo ingles, había un rincón, entonces subdesarrollado, en donde la gente era aun más libre que los mismos ingleses de Inglaterra. Se trata de los ingleses americanos, de Massachussets, de Rhode Island, de Virginia, y para defender esa libertad inglesa, lucharon contra los ingleses de Inglaterra y a eso le llamamos la guerra de Independencia de Estados Unidos. 

Así el mundo anglosajón se adelantó al resto del mundo con la idea de la libertad. Son los mas liberales y, tras la Independencia de EEUU en 1776, treces años después, vendrá la Revolución Francesa, 1789, hablando de “liberte”, “fraternite” y “egalite”, todo esto, unos cien años después de la revolución gloriosa inglesa, de 1688. 

Pero el españolísimo vocablo liberalismo, llegó a España y a Iberoamérica vía la revolución Francesa. No nos llegó la idea de la libertad inglesa sino francesa y sucedió de la manera siguiente. En España un vigoroso movimiento liberal se convirtió, en la primera parte del siglo pasado, en una guerra civil (1936-1939) entre republicanos y nacionalistas. En general, los republicanos equivalen a la línea liberal afrancesada, que es mas socialista y los rebeldes o nacionalistas a la línea conservadora, pero eso es una grosera simplificación nada más para ubicar la discusión. A eso se le llama una guerra entre liberales (socialistas) y conservadores (militares rebeldes que defienden a la corona). De los fragores de esa lucha surge este vocablo que, en España,  se convirtió de Whig en “liberal”. En ingles se dice liberal; en alemán liberalismus; en italiano liberal. Se trata de una palabra castellana que desde la guerra civil española ha penetrado el mundo entero, con un contenido diferente.

De modo que el movimiento liberal triunfó primero en Inglaterra; después en Norteamérica; después la versión francesa, muy diferente, es, sin embargo, la que se exporta al mundo entero en el siglo XX. En cuanto a la esencia de la libertad, era muy diversa en todos esos casos mencionados: Inglaterra, 1688, Estados Unidos, 1776, Francia 1789, Iberoamérica 1810-1821, España 1939.  Por ejemplo, entre los liberales de la Inglaterra decimonónica y los de Norteamérica, hay una gran diferencia. 

Esa versión francesa esta como fantasma que va señalando el camino de retroceso del liberalismo, primero detrás de la primera guerra mundial; esta también detrás de la segunda guerra mundial; y también esta detrás de las revoluciones marxistas. No es la idea original de los ingleses, es otra cosa, pero es lo que se conoce y lo que se convierte en aspiración internacional. Se trata de la entrega de la soberanía en manos del "cuerpo político" de Rousseau; de crear la sociedad perfecta por medios jurídicos; de la legislación colectivista que conduce a las tiranías, bajo la justificación de un Estado nacional libre, con ciudadanos cada vez menos libres.

Podríamos decir que ese retroceso se vino dando desde de 1914 hasta 1979 que Margaret Thatcher y Ronald Regan coinciden en el poder. En las primeras tres cuartas partes del siglo 20, la libertad retrocedió y el liberalismo casi murió. No solo estaba triunfando el marxismo cada vez en mas países, sino que la ideología socialista era “the wave of the future”, en la academia, en  las guerras de insurrección y en los medios de comunicación social, en donde el liberalismo estaba, totalmente, olvidado. 

En efecto, liberales se llamaron también los legisladores colectivistas del siglo XX, pero su liberalismo no era liberador, ni lo es hoy dos siglos después. De esa madriguera, sin embargo, nacieron las constituciones iberoamericanas. Ese equivoco explica por qué los "liberales" colectivistas no son liberadores.

jueves, 10 de febrero de 2011

¿Son liberadores todos los liberales? (1)

Hay dos historias de la libertad que F. von Hayek menciona en su libro “Los fundamentos de la libertad”, y que aquí recogemos, a manera de trasfondo histórico. Se trata de la historia francesa y de la historia inglesa de la libertad. Hablando a groso modo, la inglesa se basa en la tradición; la francesa en la razón que construye instituciones para producir la sociedad perfecta. Pues de esa combinación histórica nace el conocido concepto “liberalismo”, si bien con muy dispares significados; por ejemplo, la diferencia entre America Latina e Inglaterra.

Hayek señala que el hombre sólo puede crear en la medida que es libre. Todo lo que nosotros encontramos de valioso en la cultura, en la civilización y en la vida en general, como el nivel de vida, el confort, con todos los valores del espíritu que vemos en las artes, las letras y la música, es el producto del hombre libre. Solo en la medida que el hombre es libre puede crear. Por otro lado en occidente se ha discutido mucho qué es lo más importante para el hombre, si la razón o la libertad. Al final es una dicotomía tal vez falsa porque las dos cosas no tienen por qué excluirse. El punto es, en todo caso, que para ser libre se debe ser racional.

En la edad media, hubo grandes figuras que discutieron este punto, concluyendo que sin libertad no existe el ser humano. La libertad es la esencia del hombre y sin ella el hombre deja de ser hombre. Esto tiene muchas implicaciones por ejemplo a partir del pensamiento de Emanuel Kant. El insistió que, si bien las dos cosas son importantes para el hombre, el bien humano por excelencia es la libertad. Al punto que de todos los seres el único que sabemos que es libre es el hombre. ¿Por qué? Porque el hombre y la mujer es el único que puede renunciar a sus apetitos. Todos los demás seres son esclavos de sus apetitos. ¿Por qué éste énfasis en la libertad? Porque los grandes movimientos intelectuales, sociales y políticos desde la revolución científica de Copérnico, Kepler Galileo y Newton, hasta la Reforma de Lutero, se fundamentan en la libertad.

Sólo el origen del vocablo liberal ya es interesante, porque es un aporte castellano a las ciencias políticas. En ingles se dice liberal; en alemán liberalismus; en italiano liberal. Se trata de una palabra castellana que ha penetrado el mundo entero. Los escoceses tenía otro concepto para definir el liberalismo, ellos le llamaban Whig, que era un apodo o mote que significaba algo así como “cuatrero” o “asaltador de caminos”. Así les llamaron a los presbiterianos que marcharon sobre Edimburgo en 1648, para hacerse del poder político en Escocia. Esto forma parte de la historia de la Reforma protestante en Escocia, que gobernó ese país con el Kirk party o partido de la Iglesia. Pues el liberalismo o partido whig tiene de fondo a la Iglesia protestante en Escocia.

Whig, con el, tiempo pasó a ser un nombre de honra que representaba a los disididentes y a los comerciantes, a aquellos que rechazaban el anglicanismo y la monarquía absoluta. En Inglaterra, en donde se peleaba una guerra entre ser anglicano, católico o protestante, los Whigs se apoyaron en el bill of rights y promovieron la “Revolución gloriosa de 1688”. Pero el nombre whig es intraducible en otros idiomas porque se trata de un regionalismo inglés.

En el siglo XIX, cuando el valor social más importante era la libertad, los ingleses habían fijado ya la idea de que no se trataba de la libertad nacional sino de la libertad del individuo. De modo que ese liberalismo que se inicia en el siglo XVII en Inglaterra, en su Revolución gloriosa, constituye el triunfo de los hombres más libres durante un siglo. Tan libres son que los franceses los envidian y cuando las condiciones de la Revolución Francesa se dan al final del siglo XVIII, Voltaire y Montesquieu miraban al experimento inglés. No es descabellado afirmar que la Revolución Francesa se hace en un intento de imitar las libertades inglesas.

lunes, 24 de enero de 2011

Finales del siglo XX y principios del XXI en Guatemala

El análisis político en Guatemala era dependiente del análisis marxista de la realidad; lo político y lo económico estaban unidos a la visión del derecho marxista, según el cual, el derecho es ideología que justifica la explotación.   Así concebido, además, el derecho se estudiaba desde el punto de vista del “positivismo jurídico”. En el positivismo jurídico el referente no es la persona arropada por sus derechos si no que el enfoque esta en la ley. El referente no es la prudencia del Derecho. El referente no es poner límites a la discrecionalidad del gobernante; el referente no es la sabiduría de los antepasados. 

La aplicación del modelo positivo tiene un impacto “social”, que consiste en producir una sociedad en la que los ciudadanos no se les identifica primero por sus derechos; tú lo único que tienes como herramienta para la convivencia es la ley o leyes. Por supuesto,  cuando se tiene dinero esas leyes se convierten en posiciones de ventaja social y política, con claros efectos económicos, porque acceden al derecho especialmente aquellos que tienen dinero para comprarse la gestión jurídica; eso produce una sociedad en donde se agudiza la vida según “estamentos”, entre los que tienen y los que no. Estimo que el Estado de Derecho, rectamente entendido, no da lugar para la vida repartida en estamentos. 

Pero en aquella sociedad en donde al frente de la gestión pública y política aparecen “estamentos,” los derechos de todos son relativos, ergo nadie tiene derechos. Los efectos son los siguientes: 1. Surge ahí la perdida de la sensibilidad jurídica. 2. Se vive por permiso y no por derecho y 3. Logran los permisos quienes pueden pagar la gestión; por eso aquí los emprendedores no pueden hacer lo que en otros países otros hombres son libres de hacer. 4. Ahora tenemos la amenaza del bozal político del dinero.

En otras latitudes nuestro sistema jurídico ha sido la base del totalitarismo de Estado: (1) Fácilmente adaptable para servir al nacionalismo (dictaduras). (2)  Fácilmente  adaptable para servir al nacional socialismo (Italia, Alemania). (3) Fácilmente adaptable para servir al socialismo marxista (Rusia, el Este europeo y Cuba). (4)  Fácilmente adaptable para servir al socialismo del siglo XXI (Venezuela, Bolivia, Nicaragua).  Ajustes menos, ajustes mas, el derecho civil en esta expresión conocida como “postivismo jurídico” ha servido a muy malas causas, terminando en sistemas opresivos. 

En ese contexto el desafío es promover las ideas de la libertad, de manera estratégica, para contribuir al desarrollo de Guatemala. La tarea de este blog es esencialmente eso. Estratégicamente, significa hablar a los jóvenes y profesionales; pero  si es posible también a los políticos de profesión y a los partidos políticos. Es indiscutible que se requiere una forma distinta de concebir el servicio público, el Derecho, la convivencia pacífica y el desarrollo económico.

jueves, 13 de enero de 2011

La política de la decencia

Siempre resulta más fácil criticar que elogiar. Parece estar debajo de la piel del ser humano la disposición a ver la paja en el ojo ajeno. Con todo, ha sido mi privilegio sorprenderme al lado de personalidades singularísimas a las que me unió alguna idea, algún proyecto, una camarilla de amigos, alguna ligazón idealista o laboral. Personas, generalmente mayores, que espléndidamente me brindaron su amistad porque era de la nobleza de su espíritu acercarse a los demás.

Estuve rodeado en otras ocasiones de verdaderos truhanes, sin saberlo. Curiosamente, a ellos me ligó también alguna actividad idealista mía o de mis amigos, en la que tanto ellos como yo sucumbimos más ante la ambición que a la cautela, solo para encontrarnos luego muy cerca de ladrones, estafadores y pilluelos de cuello blanco, juramentados constitucionalmente. 

Tendría unos 27 años cuando fui al palacio presidencial por primera vez a ver la celebración de quien en ese momento nos devolvía al país. Guatemala no estaba lista para la rectitud manifestada entonces por Efraín Ríos-Montt. Al contrario, tras el derroche de violencia, intriga e ingratitud que desgarraba al país, sus pláticas motivacionales difícilmente podrían ser dimensionadas por lo que eran. En un país de moral podrida, por la defensa del Estado y de los pobres respectivamente, todo era sospechoso o malo.  De ahí que el mandatario que rescató al país de una mas agravada guerra civil era un loco al que muy pocos entendieron o apreciaron. Que durante el gobierno civil siguiente nunca me acercara a juntas palaciegas, hoy lo veo providencial. 

Unos años después visite de nuevo el palacio, esta vez para ver la estrepitosa caída de uno de esos hombres que había visto crecer a escala sobre humana. La visita, al principio de la crisis, era parte de un grupo gremial que negociaba una salida política a una acción que no tenía retorno, el golpe de Estado de Jorge Serrano. Jorge se había mostrado amigo y me había preparado un salvoconducto para ser parte del grupo de “religiosos” que hablaría con la guerrilla en Quito, y les conminaría a deponer las armas y a firmar la paz. 

Después de eso participé en un sinfín de actividades gremiales, corrigiéndole “la plana” a los acuerdos de paz; promoviendo la participación privada en la infraestructura del país; defendiendo las ideas de la libertad, entonces ya armado con todo la escafandra liberal como ex alumno de la Universidad Francisco Marroquín. Sin ser político llegué a conocer muy de cerca a personajes famosos unos, infames otros, mientras en la vida académica había conocido a personas generosísimas que, precisamente por ser intelectuales, eran poco apreciados en la selva y la barbarie. 

¿Por qué evocar estos pasajes? Porque la Guatemala de hoy tiene tanto de esa historia que yo vi. El conflicto armado nos dejó la cultura de la muerte y la indiferencia a la vida humana que hoy es moneda corriente. Nos hizo creer que los que proveen trabajo son malos guatemaltecos y que robarles e irrespetar su propiedad esta bien, lanzandonos al abismo del abuso de unos a otros, tan vergonzosamente natural entre guatemaltecos. Nos hizo perder la poca sensibilidad jurídica que teníamos y nos tornó en monstruos que desarrajan, siguiendo líderes que hacen de la política chisporroteos, mientras saquean y asquean.

¿Y de los hombres buenos, los inteligentes, comedidos y bondadosos que no roban, no mienten y no abusan? De esos quedan pocos en política, solos, sin pueblo y sin dinero; no ofrecen  ni han hecho negocios, tampoco venden curules. Pero si este pueblo se vistiera de la decencia que su religiosidad y moral suponen, buscaría a esos líderes y les porfiaría ser gobernado por ellos. Les propondrían proteger al ser humano y hacer valer el artículo 140 de la Constitución (y el Titulo II capitulo Primero), y firmarían tal acuerdo Edy Suger, Adela de Torrebiarte, Harold Caballeros y Ricardo Castillo Sinibaldi, con Ninet Montenegro como testigo de honor.    

lunes, 3 de enero de 2011

Opinar políticamente es un buen negocio

Las opiniones son un hervidero, nunca dejan de fluir. Son como la nariz, todos tenemos una, a menos que en un acto de auto castración plástica hayamos decidido recortarla en nombre de la estética. Opinar es algo así como transpirar, el proceso natural que resulta del esfuerzo de pensar en una o muchas cosas “profundamente”.  Los críticos literarios, los científicos y los políticos se hayan entre quienes mas exudan, causando el alud de letras que dibuja la geografía de los diarios.

Pero es con referencia a lo político que las opiniones se vuelven algo más que parte del paisaje de las páginas periodísticas. Son verdaderas catástrofes que hacen mucho daño.  Y es que no es el sabio creador quien se encuentra detrás de las opiniones, como si se tratara de la naturaleza creada, sino limitados seres humanos quienes llaman bueno a lo que consideran bueno para si mismos. Por ejemplo, entre los actos públicos, las cosas buenas para los hombres y mujeres son aquellas que anhelan poder alcanzar.  El altruismo del Estado solo tiene sentido a partir de que yo me beneficie de él. 

Solo hay que ver la conducta de los políticos que a la postre encarnan las posturas defendidas en los diarios. No son ellos impolutos en su actuar, desprendidos o desinteresados sino al contrario, los actos de misericordia de los que van haciendo alarde son un desnudo reflector con el cual se encandila a la población para que no vea la corrupción con que se benefician a si mismos y a su camarilla.  

A mas amplios manejos de presupuesto, mas discrecionalidad y con ella mas corrupción, pero generalmente, los opinados benefactores de papel, no relacionan esas variables. Tal parece que no importa lo que el Estado pierda en manos de sus depredadores, cuando se guarda la esperanza que el beneficio social, el salario mínimo, la conquista laboral, la decisión política lleguen a alcanzarme, en caso de necesitarlo. Ese negocio de otros, con dedicatoria para mí,  tiene magros beneficios reales. 

La opinión cuando viene de los funcionarios, sean estatales o del sector llamado internacional, del Departamento de Estado o Naciones Unidas, generalmente flexiona con el mismo egoísmo. Ni altruismo ni verdad sobrecogen a estos funcionarios que, si bien no meten la mano en bolsa ajena --con la misma desvergüenza que el político local--, tampoco tienen en mente a los otros sino a si mismos. 

Tómese por ejemplo lo que Wikileaks ha puesto al descubierto. Las truhanerías de Chávez como peligro para millones de venezolanos están documentadas entre el sector internacional que mira para otro lado antes que perder el empleo o sonar políticamente incorrecto. Las “travesuras” de Zelaya son descaradamente reconocidas entre los funcionarios que las documentan y comentan. Las posibles relaciones del narco Estado también están sugeridas pero igualmente disfrazadas en nombre del empleo seguro. Las corruptelas, robos y traslados de capital de un país a otro con fines electorales están documentadas, y cuando se hacen con pasaporte diplomático se tiene por bien hecho el callarlas.

¿Qué es todo eso? Es la opinión política de unos funcionarios que con apariencia pundonorosa barajan la suerte de millones de seres humanos que son tratados como “casualties”, en la transacción de “yo omito tus pecados si tú ignoras los míos”. En otras palabras, nada de profesionalismo en el “servicio diplomático”; menos hay compromiso con la verdad frente a las fatalidades que ciertas ideas producen. Ramplonamente dicho, no es otra cosa que ver el derecho de mi nariz, esa que simboliza mi poder de opinar con gran sordidez.